viernes, 7 de junio de 2024

El maestro como partero y el maestro que surge de la modernidad


El papel del docente en la sociedad es complejo y multifacético, con muchos enfoques e interpretaciones diferentes. Dos de esas perspectivas son la del docente como partero y la del docente como profesión. En este escrito, exploraremos y analizaremos estos dos puntos de vista, comparándolos y contrastándolos a partir de la mirada de autores como: Humberto Quiceno y Alejandro Alvarez para obtener una comprensión más profunda del papel del docente. Comparando al maestro “partero”, desde el concepto antiguo que se remonta a la Grecia clásica, con el maestro que surge en la modernidad, desde todos los roles que desempeña en el aula. Explicaremos cómo ha evolucionado el papel del maestro a lo largo del tiempo y cómo diferentes figuras clave han influido en esta evolución. 

A lo largo de la historia, diversas figuras clave han influido en el desarrollo del papel del maestro, desde los filósofos griegos como Sócrates y Platón, quienes establecieron las bases de la pedagogía occidental, hasta los educadores modernos como John Dewey y María Montessori, cuyas teorías han revolucionado la forma en que concebimos el proceso educativo. 

Desde la antigüedad, el maestro ha sido visto como un guía que facilita el nacimiento de nuevas ideas y conocimientos en los estudiantes, una metáfora que resuena con el papel del partero en el proceso de dar a luz. Esta perspectiva, arraigada en la filosofía griega, destaca la importancia del maestro como facilitador del aprendizaje, proporcionando orientación, apoyo y celebrando los logros individuales. Sin embargo, con el advenimiento de la modernidad, surge también una “crisis de la formación de docentes” como lo menciona (Quiceno, 2014) “no solo por la aparición de la sociedad del conocimiento y de la información, sino sobre todo por la necesidad de incorporar la educación como sistema educativo a las nuevas necesidades del aprendizaje”. Esto hace que la figura del maestro evolucione para convertirse en un profesional altamente capacitado y comprometido con el desarrollo integral de los estudiantes. En lugar de simplemente facilitar el aprendizaje, desde la visión del maestro como partero, el maestro moderno debe asumir un papel más amplio como líder educativo, cumpliendo los roles de mentor y guía en el desarrollo personal de sus estudiantes, mediador de conflictos en el aula, intermediario entre la escuela y comunidad, además de colaborar activamente con otros profesionales de la educación y abogar por políticas que beneficien al sistema educativo. 

En el paradigma del docente como partero, se evoca una imagen poética de facilitador del nacimiento de nuevas ideas y conocimientos en la mente de los estudiantes. Similar al papel de un partero que asiste en el parto sin imponerse como protagonista principal, el docente como partero se presenta como un guía que facilita el proceso de aprendizaje sin imponer su autoridad de manera dominante. Su enfoque está en cultivar un ambiente propicio donde la curiosidad, la exploración y el descubrimiento sean alentados. Además, el docente como partero acompaña a los estudiantes en su viaje de crecimiento intelectual y emocional, proporcionando orientación, apoyo y celebrando sus logros y avances a lo largo del camino. 

Por otro lado, la labor docente como una profesión implica acogerse a normas, responsabilidades y desafíos, lo que exige una formación continua y un compromiso con su desarrollo profesional. Los docentes deben mantenerse actualizados en su campo de especialización, así como en las últimas tendencias pedagógicas y tecnológicas. Además, la profesión docente está regida por un código ético que demanda integridad, respeto y equidad en todas las interacciones con los estudiantes, colegas y la comunidad en general. La crítica de (Álvarez, 1991) resalta la vigilancia y control a los que están sometidos los docentes, quienes deben cumplir con una misión apostólica al encarnar el papel de maestros. En este contexto, el desarrollo profesional para el docente se convierte en una necesidad imperante, pero además desde el sistema educativo se le exige ser consciente de su influencia y responsabilidad, lo que debe llevarle a trabajar continuamente para ser un ejemplo positivo para quienes lo rodean. 

Esto nos lleva a la comparación, de que mientras el docente como partero se centra en el proceso de facilitar el nacimiento de nuevas ideas y conocimientos en los estudiantes, es decir, desempeña un único rol como guía y facilitador del aprendizaje. El maestro como profesión se concentra además en aspectos más estructurales y normativos de la labor docente, asumiendo múltiples roles. En donde se destacan, la importancia de la formación continua, el compromiso ético y el impacto social de la profesión docente. Estas dos visiones, que podrían parecer totalmente contrarias, plantean una disyuntiva sobre ¿qué camino seguir como futuros docentes? Algunos podrían optar por centrarse únicamente en el desarrollo individual de los estudiantes para formar seres integrales, mientras que otros pueden aspirar a ser además agentes de cambio en el sistema educativo optando por mantenerse actualizados en su campo, aplicando las últimas tendencias pedagógicas y tecnológicas en el aula y guiando su comportamiento desde la integridad, el respeto y la equidad en todas las interacciones con los otros actores del sistema. La clave está en encontrar un equilibrio entre ambas visiones, reconociendo que ambas perspectivas son necesarias para una educación completa y significativa. En última instancia, la importancia fundamental del docente radica en su capacidad para influir en las vidas de los estudiantes y contribuir al desarrollo de una sociedad más informada, consciente y equitativa.
 
En conclusión, al comparar el papel del docente como partero y como profesión, emerge una imagen completa y matizada de la labor educativa en la sociedad contemporánea. La metáfora del docente como partero resalta la función esencial de facilitar el nacimiento de nuevas ideas y conocimientos en los estudiantes, enfocándose en el proceso de aprendizaje, la guía personalizada y la celebración de los logros individuales. Sin embargo, y dadas las necesidades educativas actuales, esta visión pareciera quedarse corta, en el sentido de que la docencia como profesión pone de relieve otros aspectos estructurales y normativos de la labor docente, que no estarían siendo satisfechos solo desde la labor del maestro partero.  

En este sentido, ambas perspectivas se complementan, delineando la complejidad y la importancia de la labor docente en la sociedad contemporánea. El docente no solo cumple un papel vital en el desarrollo intelectual y emocional de los estudiantes, sino que también ejerce un liderazgo ético en el ámbito educativo y social. Al abrazar tanto la faceta de partero como la de profesional, los docentes desempeñan un papel indispensable en la formación de las generaciones presentes y futuras, guiando el camino hacia un futuro más justo, equitativo y próspero para todos. 

Elaboración conjunta entre: Diana Carvajal - Mairen Daniela López - Maribel Uribe

Referencias 
Álvarez, A. (1991). El maestro: historia de un oficio. Revista Colombiana de Educación, 15. Obtenido de http://repositorio.pedagogica.edu.co/handle/20.500.12209/5176  
Quiceno, H. (2014). El Maestro: Del oficio a la Profesión. Miradas Críticas. Educación y Pedagogía, 23. 
Recuperado el 2024, de https://revistas.udea.edu.co/index.php/revistaeyp/article/view/18642